Un gran festival de Venecia

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Viernes, 10 de septiembre de 2021

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

Gregorio Belinchón

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

Tremenda la semana que hemos vivido en el mundo del cine. A un Venecia para la historia, con multitud de títulos apasionantes y debatibles (lo que no quiere decir que sean buenos), se suman los fallecimientos de Jean-Paul Belmondo, Michael K. Williams y, en España, Jordi Rebellón. Y sin saber aún el palmarés del certamen italiano, a la vuelta de la esquina nos espera San Sebastián que arranca el próximo viernes. Un inciso: atentos al número especial este domingo de EL PAÍS SEMANAL, dedicado al cine y al Zinemaldia, con entrevistas con Javier Bardem, José Sacristán y la ganadora de la Palma de Oro Julia Ducournau, reportajes sobre Maixabel, de Icíar Bollaín, y la historia imbricada de la ciudad y el certamen, e incluso un texto de Thierry Frémaux, delegado general de Cannes, con un canto de amor a San Sebastián.

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

Empezamos por Venecia, que se ha movido entre títulos de decenas de millones de euros de presupuestos y cine puro y duro de autor, porque en la pantalla se ha visto desde Dune, de Denis Villeneuve, a El acontecimiento, de Audrey Diwan, una película sobre un aborto.

Dune nunca ha sido un proyecto fácil. Ni siquiera Villeneuve ha logrado el triunfo absoluto: más allá de las críticas dispares, en pantalla se ve la primera parte y el canadiense espera rodar la segunda parte del libro de Frank Herbert. Alejandro Jodorowsky lo intentó en 1973 con Mick Jagger, Salvador Dalí y Orson Welles, y protagonizada por su propio hijo, al que tuvo dos años entrenándose para el papel. Ni empezó a rodar. David Lynch, en 1984, completó su filme, y algunos lo aman y muchos lo odian. Tommaso Koch contaba desde la ciudad italiana: “el canadiense ha salido vivo del reto” tras vivir el acontecimiento de la Mostra: “La expectación, sin duda, era única. No había nada comparable en el certamen. Se notaba en las colas ante las salas esta mañana. En los móviles, secuestrados en una bolsita hasta el final de la proyección, no fuera a ser que algún periodista tuviera un impulso pirata. Y en los jóvenes acampados desde primera hora ante la alfombra roja del certamen”.

En Venecia también se ha proyectado una de las películas que más curiosidad me provoca de las que participarán en la temporada de premios: Spencer, de Pablo Larraín. El chileno ya ha contado anteriormente la frialdad y la soledad que envuelven a las mujeres en las cúspides de las pirámides del poder. Lo hizo en Jackie y ahora viaja al fin de semana en que Lady Di se plantea el divorcio del príncipe Carlos, el momento en que decidió poner en marcha un divorcio que haría trastabillarse a la monarquía británica. Y Larraín, que no tiene película mala, ni siquiera mediocre, que ha filmado obras maestras como No, El club o Ema, se lanza tras esa figura, la princesa del pueblo, de la mano de una de las actrices con más talento e inteligencia del cine actual, Kristen Stewart.

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

¿Qué más películas ha habido? Muchas. Empiezo un rápido repaso por Competencia oficial, la nueva comedia del dúo argentino Mariano Cohn y Gastón Duprat, con tres estrellas: Antonio Banderas, Penélope Cruz y Óscar Martínez. Según Tommaso, habla de “ególatras, maniáticos, tipos raros. Uno de los actores llega siempre tarde al plató. Y vive obsesionado con sus premios y su presunto glamur: es decir, consigo mismo. El otro se niega a desperdiciar su arte en un simple ensayo. Y, en lugar de la música que disfruta el común de los mortales, encuentra sublime un disco lleno de gritos de un tal artista ‘canadiense que vive en Düsseldorf’. La directora también tiene sus extrañezas: tumbada en el suelo, pronuncia insultos a través del tubo de una aspiradora cuyo extremo va directo a su propio oído”. Con ese trío los argentinos se ríen de lo divino…y de los humanos. También desde Venecia llegan ecos de la fuerza y el brutal talento que irradia Jane Campion en su vuelta al cine con El poder del perro; de la inteligencia de Michel Franco en su retorno a la competición de la Mostra con Sundown, la historia de un hombre indiferente ante la vida; y de dos películas que podrían perfectamente aparecer en el palmarés de mañana de un jurado presidido por el maestro Bong: El acontecimiento, de Audrey Diwan, y su cruda filmación de una interrupción voluntaria de embarazo, y La caja, de Lorenzo Vigas, que ya sabe lo que es ganar el León de Oro y que habla del rol paterno… o su ausencia.

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

En curiosa comparación, me acerqué la semana pasada a la décima edición de “la muestra de cine más pequeña del mundo”, un lema que surgió por casualidad y que ha devenido en feliz ocurrencia de marketing, como confiesan los responsables de la Muestra de cine de Ascaso, un festival de cine de autor en los Pirineos oscenses, con una sala de cine en una era, a 1.000 metros de altura, con 250 sillas reducidas por los protocolos sanitarios anticovid a 160, una locura para un pueblo de siete habitantes —censados, aunque nadie pasa el invierno en las tres casas abiertas—, “pero un maravilloso lugar de encuentro para ver películas, intercambiar experiencias y charlar sobre ellas”, cuenta José Luis Rebordinos, director del festival de cine de San Sebastián, que fue el invitado de honor de la inauguración. Bien está que recordemos los esfuerzos de muchos cinéfilos que montan en sus pueblos ese tipo de festivales, pequeños actos de rebeldía contra el imperio de los taquillazos.

Mueren Jean-Paul Belmondo y Michael K. Williams

Por su fallecimiento el mismo día, dos actores completamente opuestos han quedado unidos en el imaginario colectivo. De una parte, el francés Jean-Paul Belmondo, de 88 años, una de las primeras estrellas de la Nouvelle Vague (tres películas con Godard, incluida Al final de la escapada, y otras con Sautet y Truffaut así lo confirman), y que decidió pasarse al cine  de aventuras, al entretenimiento puro con títulos como As de ases, El magnífico, El incorregible, El profesional, El hombre de Río o El clan de los marselleses. “Cuando un actor tiene éxito, la gente le suele echar en cara que ha tomado el camino fácil, que no quiere tomar riesgos ni hacer esfuerzos. Pero si fuera sencillo llenar las salas, la industria cinematográfica tendría una mejor salud financiera. No creo que yo haya hecho basura: el público no es tonto ni mi carrera habría durado tanto”, decía. En Francia viven un duelo nacional y ayer recibió honores de estado.

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

Por otro, Michael Kenneth Williams, 54 años, mito de la televisión gracias a Boardwalk Empire y, sobre todo, su Omar Little en The Wire. También actuó en Territorio Lovecraft (es más, es candidato al Emmy, que podría ganar póstumamente), en Así nos ven, Alias, Los Soprano, F is for Family o Ley y orden, y en cine apareció en RoboCop, 12 años de esclavitud, Puro vicio, Adiós, pequeña, adiós, Assassin’s Creed, El traficante, Huérfanos de Brooklyn, Rescate en el mar Rojo, Cazafantasmas, Matar al mensajero, El jugador y La carretera (The Road). Vamos, un secundario férreo, cierto… pero siempre será Omar, porque pocos personajes tan poliédricos nos ha regalado la televisión.

En fin, les echaremos de menos. Y antes de pasar a los estrenos, y a la espera del palmarés de Venecia, una última y estupenda noticia: en Madrid reabrirá el cine Paz. El Paz no es una sala cualquiera, porque su público fiel, mayoritariamente femenino y amante del cine de autor doblado, marcaba tendencia en la industria española. Reabre el viernes 17 de la mano de la cadena de exhibición mk2. Ojalá les vaya muy bien.

Estrenos de la semana

Paramos un momento en tres películas de esta semana:

ADIÓS, IDIOTAS. Albert Dupontel

En Venecia se ve buen cine (y eso es noticia)

Javier Ocaña escribe de la última ganadora en los César: “Como suele ocurrir en las películas de Dupontel —habitual actor, rostro conocido en títulos como Irreversible y Dejad de quererme—, el despliegue formal es casi más importante que el del relato, y aquí repite con una oscura comedia muy física que no siempre hace diana, pero que, al menos en su primera mitad, contiene suficientes atractivos, casi siempre relacionados con su dificilísima ambigüedad tonal: todo es despiadado, y sin embargo, la comedia sigue estando presente, aunque dejando poco a poco un singular fondo de amargura y misantropía. En la segunda mitad, en cambio, la película decae, y mucho, y el encuentro final con el hijo perdido casi 30 años atrás resulta un fiasco emocional. Eso sí, la última secuencia es una fiesta atroz”.

WORTH. Sala Colangelo

Elsa Fernández-Santos cuenta sobre esta película acerca del 11-S: “No es fácil hacer una película sobre números frente a sentimientos y Worth habla de ese dilema, apoyada en unos personajes bien construidos y aún mejor interpretados. Junto a las presiones políticas y económicas de semejante reto, la película expone cómo se negociaron unas cifras que incluían a millonarios ejecutivos frente a pobres empleados de la limpieza. Con la calculadora en la mano y ante el atentado más traumático de la historia reciente de EE UU se sitúa Michael Keaton, que con un trabajado acento de Boston borda al protagonista del filme, el mediador que no sin cierta arrogancia se ofreció para un trabajo que nadie quería hacer: dirigir el llamado Fondo de Compensación a las Víctimas del 11-S. Cara a cara con Keaton, Stanley Tucci se mete en la piel de Charles Wolf, un hombre que se quedó viudo por el atentado y lideró los derechos de los afectados y supervivientes. Junto a estos dos grandes, otra intérprete sin tacha, Amy Ryan, da vida a la socia del hoy famoso despacho de abogados”.

CON QUIÉN VIAJAS. Martín Cuervo

Ocaña apunta sobre esta comedia española: “Las posibilidades dramáticas del encierro de cuatro personas durante horas, casi con la obligación de hablarse y de caerse medianamente bien, son inmensas. Sin embargo, el libreto de Cuervo, también guionista en solitario, está lleno de diálogos banales e intrigas sin fuste, enclavados en una especie de comedia de situaciones negras y fondo blanquísimo. Y los grandes temas apuntados apenas tienen desarrollo ni altura: el desamor; la desconfianza en un mundo hiperconectado; la necesidad de hablar con la gente, de conocer, de comunicarnos, incluso por encima del ahorro del viaje; la socialización del miedo y el miedo a socializar”.

La semana que viene ya llega Venecia. Para cualquier consulta, en Twitter soy @gbelinchon